Caminar por la Macaronesia

¿Por qué no hablar de botánica? Esa palabra antigua y casi obsoleta que a algunas personas les crea un poco de repelús y a otras les resulta atractiva como un hechizo en plena noche.

Poco a poco, les iremos mostrando en estas publicaciones lo que nos podemos encontrar caminando por la Macaronesia y otros lugares que nos vayan pareciendo interesantes por diferentes motivos.

Esta semana queremos enseñar un poco más la lavanda canaria. Conocida como Lavandula canariensis, es menos común verla en cultivos que en los bordes de los caminos y se diferencia de otras variedades por el ancho de su hoja y por el tridente que forma su tallo al crecer.

Sus propiedades son alucinantes, desde antinflamatorias hasta diuréticas; es un sedante natural, antiséptica e insecticida.

Endémica de la Macaronesia y de Canarias, la lavanda puede encontrarse en todo el mundo, siendo famosos los campos coreanos de lavanda y muy valoradas sus propiedades en América Latina.

“Dicen nuestros magos de campo que colocando un par de Matos de Risco en el sombrero se calman los dolores de cabeza y que las hojas de lavanda, al igual que las de incienso, sirven para proteger las papas de los parásitos.”

De la medicina tradicional extraemos diferentes aplicaciones: digestiva, carminativa (elimina los gases), antiespasmódica, sedante en casos de intranquilidad y agitación nerviosa, ayuda a conciliar el sueño; en general, un tranquilizante para tus nervios y tu estómago. Además, se le atribuyen efectos antisépticos de las vías respiratorias y urinarias. Los lavados con agua de lavanda son comunes para desinfectar heridas y además puede ser un gran relajante muscular (a quién no le gustaría un masaje con aceite de lavanda).

¡Les esperamos en la próxima caminata por la Macaronesia!

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